El presidente electo de EE.UU., Joe Biden. EFE/EPA/JIM LO SCALZO/Archivo

POR: Alejandra Arredondo

El proyectado presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, hizo campaña con una plataforma ambiciosa en temas migratorios en la que prometió no sólo dar marcha atrás a las políticas restrictivas de la administración del presidente Donald Trump sino también dar una vuelta al sistema, desde el asilo hasta la regularización de millones de personas indocumentadas.

Con el control del Congreso ajustado y el legado de cuatro años de regulaciones para restringir la migración, incluyendo más de 400 acciones ejecutivas, ¿qué tan realistas son los objetivos del futuro mandatario?

Según expertos, revertir las políticas que se consiguieron gracias al Poder Ejecutivo, como por ejemplo la prohibición de la entrada a EE.UU. de personas provenientes de países musulmanes, puede darse en los 100 primeros días de gobierno. El reto vendrá a la hora de deshacer medidas que requieran nuevas regulaciones y las reformas que necesiten pasar por la aprobación del Congreso.

Como explicó a la Voz de América Andrew Seele, presidente del centro de pensamiento Migration Policy Institute, “es fácil revertir al menos algunas de las acciones mas visibles (…)[pero] es mas difícil construir un sistema nuevo sin el aval del Congreso”.

Reinstaurar el programa DACA, que protege de la deportación a más de medio millón de jóvenes migrantes que fueron traídos de manera irregular por sus familias cuando eran menores y que Trump buscó acabar— y fue detenido por las cortes—  es una de las medidas que Biden prometió tomar y podría hacerlo con solo una acción ejecutiva.

Desde que el actual mandatario intentó terminar con el programa DACA, 56.000 personas se han convertido en posibles beneficiarias, según datos del Migration Policy Institute. Si Biden lo reinstaura, podrían aplicar y obtener permiso para vivir y trabajar en EE.UU.

En la misma situación están los migrantes con Estatus de Protección Temporal, TPS, un programa que permite a nacionales de algunos países como El Salvador, Nicaragua, Honduras y Haití vivir y trabajar en EE.UU, y que el gobierno actual intentó terminar, dándole una fecha de salida a los migrantes en el país.

Con una firma, Biden también tiene la capacidad de levantar la prohibición de viaje de personas de países de mayoría musulmana y algunas naciones africanas hacia EE.UU. que impuso el mandatario  republicano.

El segundo lote de medidas, son las que están ligadas a regulaciones federales y que, para cambiarlas, se debe pasar por un proceso más largo, que incluye en algunos casos un litigio y que puede extenderse por meses o años.

Aquí entran, por ejemplo, las normas adoptadas por la administración Trump que han ralentizado el proceso para obtener residencia permanente y ciudadanía, como el requerimiento de una entrevista en persona para todas las solicitudes, explicó a la VOA Charles Kamasaki, asesor del gabinete de UnidosUs, un grupo en defensa de los derechos de los latinos.

También bajo este tipo de medidas está la regla de carga pública, que permite denegar la solicitud de residencia a las personas que tienen “mayor probabilidad” de que usen recursos públicos.

Sin embargo, acotó Seele, es probable que mientras se termina con el proceso administrativo, “se den instrucciones (…) a consulados y agentes de USCIS [el servicio de inmigración y ciudadanía para que aplique la[s] regla[s] de manera diferente”, dijo el experto.

Además de revertir políticas concretas adoptadas por el gobierno actual, Biden promete en su plataforma “modernizar” el sistema migratorio, lo que implicar una reforma legislativa. Dentro de ese paquete, el presidente electo incluye ampliar las categorías de los visados y dar un camino a la ciudadanía para las 11 millones de personas que viven indocumentadas en el país.

Después de las elecciones de noviembre, los demócratas conservan la mayoría en la Cámara de Representantes pero el control del Senado permanece incierto —con los republicanos asiéndose por ahora con la mitad de los escaños—hasta las elecciones de segunda vuelta en Georgia, programada para enero, donde decidirán dos puestos.

El futuro de una pieza (o piezas) legislativa (s) del estilo que el demócrata ambiciona no es cercano, al menos no dentro de los famosos cien primeros días, y “depende mucho de la voluntad de demócratas y republicanos para dialogar”.

Frontera sur y asilo

El futuro gobierno de Biden heredará también una difícil situación en la frontera sur. Tanto por la construcción (parcial) de un muro fronterizo —que el demócrata prometió parar—como lo que muchos califican de una crisis humanitaria, con miles de migrantes esperando en México por sus solicitudes de asilo.

En un intento por disuadir a la migración hacia el país, el gobierno republicano puso en pie una herramienta legal llamada Protocolo de Protección para Migrantes (MPP), una norma que prohíbe a las personas que solicitan asilo esperar dentro del territorio estadounidense a que se resuelva su caso.

Además de ello, firmó tratados con países como Honduras, Guatemala y El Salvador, que permiten enviar a los solicitantes de asilo hacia esos países, bajo lo que se conoce como “tercer país seguro”.

“El presidente electo hereda un completo desorden en la frontera (…) tanto una tragedia humana como una violación fragante del derecho internacional, esencialmente desmantelando el sistema de asilo”, describió Kamasaki a la VOA.

Aunque Biden prometió acabar con MPP, para Seele, Biden será “cauteloso” a la hora de tomar acciones con respecto a la frontera y al proceso de asilo.

El investigador dijo que, aunque cree que, por ejemplo, se tomarán medidas como agilizar el trámite de citas para los más de 20 mil migrantes que esperan en México o se dejará de mandar personas a Centroamérica, no ve probable que Biden derogue el MPP.

Cambiar el sistema de asilo y reformar las restricciones impuestas por el gobierno saliente tardará meses y Seele no cree que la futura administración demócrata vaya a retomar al cien por ciento el asilo en la frontera hasta que haya en pie un “sistema más eficiente y justo”.

“En la frontera va a ser mucho más cauteloso porque se impone la realidad”, dijo el investigador y aseguró que “lo peor que le puede pasar a Biden es que un gran flujo de migrantes en la frontera eche a perder su margen de maniobra para los migrantes que están en el país.”

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