Según el usurpador de la presidencia de la republica de Venezuela, Nicolás Maduro, el apagón de esta semana en Caracas y sus alrededores fue culpa del imperio. Imagino que también lo es la escasez de productos y medicinas, la reaparición de la difteria, malaria, sarampión y otras enfermedades, así como la devaluación vertiginosa de nuestra moneda y la inflación que nos agobia a todos.

 

El que Cuba se haya quedado totalmente con la refinería Cien Fuegos, en la que se invirtieron unos cuantos millones de dólares de “todos los venezolanos” es sin duda culpa de Trump. Que el Boquerón de esté cayendo, así como el pavimento de nuestras autopistas, carreteras, calles y avenidas estén llenas de huecos, también es culpa del norte.

 

Que los apagones pululen y el agua escasee también se los debemos a los estadounidenses. Sin olvidar, por supuesto, que si no encontramos gasolina, cauchos, baterias y lubricantes, entre otros miles de productos, se lo debemos exclusivamente, al imperio mismo.

 

Pues no. Toda esta pesadilla ha sido y es planificada, producida y llevada a cabo por el comunismo enquistado en Venezuela y quienes colaboran con él a cambio de “espacios” que ninguna satisfacción o calidad de vida producen al venezolano y si a minúsculos grupos de financistas que cada día se hacen más ricos a costa del hambre y sufrimiento de todos quienes habitamos estas tierras.

 

Ellos y sus cómplices no viven estas penurias, las conocen si, y los imagino frotándose las manos en gesto de avance del control social que nos han impuesto para doblegarnos. Han avanzado en sus diabólicos propósitos. Pero las sociedades no se suicidan, al contrario, sobreviven a las peores circunstancias y de pronto… se revelan con furia indómita hasta lograr zafarse de lo que les esclaviza.

 

Así nos los cuenta la historia universal… y en Venezuela no será diferente. Cuando el río crece y encuentra piedras y obstáculos para conseguir su salida al mar, arrasa con todo lo que encuentra a su paso en busca de su cauce natural. La libertad es para el ser humano, su cauce natural.

 

Que tengan todos la mejor Navidad posible y que 2018 llegue con fresca brisa cargada de paz, justicia y democracia.