Anita compartió con más de 2.000 niños en África

“Ha sido darme cuenta que nos quejamos por todo, no sabemos apreciar lo que tenemos, que el que quiere puede, que las cosas que se hacen con amor trascienden las  fronteras”.

 

Los seguidores de las redes sociales de la bailaora venezolana, residenciada hace 8 años en Panamá, se unieron emocionados desde el primer día al maravilloso periplo que emprendió por varias ciudades de África, ella lo calificó como un viaje de vida que llevó a cabo en 10 días. Wanny Angerer y su esposo Roland, son quienes llevan a Anita a África, ellos lleva cuatro años en Nairobi, Kenya,  gestionando un cambio real a través de la cultura, Wanny es una artista y una promotora cultural, perteneciente a los Garifunas, grupo indigena en Honduras descendiente de los africanos y aborígenes de varias regiones de Centroamérica y el Caribe.

 

Anita dedicó parte de su estadía a trabajar arduamente en varios proyectos, dentro de centros donde asisten madres solteras que han sufrido abusos, quienes han creado proyectos artesanales con los cuales obtienen recursos para levantar a sus hijos y a ayudar a nuevas madres que acuden a los centros, al respecto la bailadora confesó el sentimiento que le produjo estos encuentros: “Ponerte en contacto con personas excesivamente necesitadas, madres solteras de 13 años, niños huérfanos, ver voluntarios reales que le dedican su vida a proyectos humanitarios en un lugar que no es el más atractivo para vivir, si lo ves con ojos superficiales, pero, si lo ves con los ojos del alma tiene mucho para otorgar, para cambiar la vida, la manera de pensar, la manera de actuar y de sentir, regalos no materiales, regalos que son lecciones de vida que te las puede dar un niño de 3 años con un abrazo o una sonrisa”.

 

 

Tocando almas a traves de la danza

 

Anita Loynaz ofreció además, siete clases magistrales en recintos que albergan niños abandonados, logrando una conexión a través del flamenco con las emociones, trabajando el empoderamiento como herramienta de superación, de autoestima y de cambio hacia lo positivo.

De esta experiencia en particular, la bailaora nos revela lo que sintió: “Niños sin tecnología,  sin internet o grandes regalos, tienen en sus manos lo más grande, la música, el arte, la danza y las ganas de rendirle un gran ritual a esa conexión entre el universo, ellos y sus comunidades. Estar con ellos (aunque prácticamente no tienen comida) es sentir que dentro de ellos hay sabiduría, vibra, energía, adrenalina y que cada paso que dan a la tierra, retumba en vibraciones que llaman sus sueños, sueños que están seguros que se harán realidad”.

 

Apoyando la transformación a través de la cultura

 

Antes de partir Anita cumplió con varias presentaciones, en el Teatro Nacional, en el Museo de Arte de Kenya, en el Centro Comercial Galería y en un encuentro de los más importantes músicos de Kenya. En total se logró con su esfuerzo aportar alrededor de $15.000,00 a la fundación que lleva adelante los proyectos que agrupan los centros para madres y las escuelas de los niños abandonados.

 

Venezuela y Panamá ¡presente!

 

Como una gran sorpresa, los niños recibieron a Anita al ritmo de la canción Qué viva Panamá, canción que se enalteció aun más con las voces de tantos pequeños que son leyenda viviente de superación y sacrificio.

Así mismo al saber de la presencia de la bailaora en África, tanto representantes de la Embajada de España, como una familia venezolana residenciada en Kenya, le obsequieron la bandera venezolana en homenaje al origen de la bailaora.

Al respecto Anita manifestó: “Me encantaría que esto lo pudiésemos replicar en Venezuela y que pudiésemos entender que a través del arte, la música y la danza, los rencores entre hermanos se pueden eliminar y  relucir la hermandad, la buena bondad y el cambio genuino”.