Fotos de Instagram composición El País

El cannabis se usó en medicina hasta bien entrado el siglo XX, pero durante décadas esta planta ha estado rodeada de la estigmatización inherente a la calificación que le dio en 1961 la Convención Única sobre Estupefacientes de la ONU (la biblia de la prohibición de drogas), que la situó al mismo nivel de peligrosidad de la heroína. Desde hace algunos años, un negocio legal y muy rentable ha florecido alrededor de la marihuana y algunos famosos han encontrado en él un terreno atractivo para invertir parte de sus fortunas y hacerlas aún más cuantiosas.

El negocio del cannabis que atrae a los famosos

De Maximillian White, el mayor productor de Europa de marihuana medicinal, a otros inversores conocidos como David Beckham, Myke Tyson, Jay-Z o Miley Cyrus

Actualmente se puede ser famoso de muchas maneras y las redes sociales ―y tener muchos seguidores en ellas― es una forma de conseguirlo. Ser millonario, también suma. Es el caso de Maximillian White, un emprendedor de 40 años originario de Nottingham, Inglaterra, que tiene cuatro millones de seguidores en Instagram y que actualmente vive, de casa de lujo en casa de lujo, entre Mallorca y Dubái. Su ingente fortuna, de cuyos signos externos se vanagloria en internet para deleite de sus admiradores, proviene básicamente del negocio legal de la marihuana.

Según la revista Forbes, sus acciones en el negocio están valoradas en 3.500 millones de euros y proceden de las 40 hectáreas de tierra que adquirió en Portugal, en la zona del Algarve, para cultivar cannabis medicinal. White denomina a ese terreno como su “campo de sueños” y en una reciente entrevista concedida a The Times asegura que en él, por capacidad, podría cultivar “hasta 500 toneladas al año”. E invita a hacer cuentas: Vende su cosecha a 4 libras el gramo (unos 4,67 euros) lo que le puede llegar a suponer 2.000 millones de libras anuales (más de 2.300 millones de euros), aunque ahora mismo su producción anual tiene un valor de mercado de unos 1.500 millones de euros.

No hay nada ilegal en su negocio y poco a poco países o Estados de países se van sumando a la legalización de la marihuana para uso medicinal y regulado en terapias relacionadas con la epilepsia, la esclerosis múltiple, el síndrome del intestino irritable, la ansiedad, el insomnio o para combatir los efectos de los tratamientos de quimioterapia. También existen productos de belleza e infusiones y White señala que hasta se está popularizando su uso entre propietarios de perros nerviosos que la utilizan en la comida de sus mascotas para evitar sobresaltos. Su mayor acierto no ha sido ver el potencial del negocio, sino intuir la dificultad que tenían las empresas farmacéuticas para conseguir la materia prima de pequeños productores. Él ha dado el giro al conseguir funcionar como un mayorista autorizado y regulado para la industria farmacéutica europea.

Su proyecto comenzó hace solo cuatro años y para desarrollarlo ha contratado equipos de agrónomos, biólogos, investigadores y abogados especialistas. Maximillian White proviene de una familia a la que las cosas les iban mejor que bien con negocios de hoteles, restaurantes y clubes nocturnos, y que de repente lo perdieron todo. Él se empeñó en ganar dinero y volver a unir a los suyos y tras obtener sus primeras ganancias primero con un pub, después como DJ y más tarde invirtiendo en el mercado inmobiliario de Europa del Este, llegó al negocio legal de la marihuana. Sabe que sus tatuajes y la ostentación que hace de su fortuna no agrada a muchos y hacen que le valoren poco como empresario. Él sigue a lo suyo y respecto a estas críticas afirma que solo quiere “demostrar que se puede pasar de la nada a algo si te lo propones”.

El futuro del negocio ha atraído a otros famosos que han visto en él el mismo potencial que ha hecho multimillonario a White. Lo que era una plaga social empieza a promocionarse como panacea y algunos han estado atentos para conseguir su trozo del pastel. Este ha sido el caso, por ejemplo, del boxeador Mike Tyson, de David Beckham, del rapero Jay-Z o de la cantante Miley Cyrus. Tyson ahora mismo da poco juego en el ring y mucho en este terreno. Posee Tyson Ranch, donde produce cepas comestibles y extractos premium de cannabis que generan una rentabilidad de más de 420.000 euros mensuales. Y continúa expandiendo su imperio en el desierto de California con un complejo vacacional con la marihuana como temática y un centro en el que se enseñará cómo cultivarla.

Jay-Z, marido de Beyoncé, y exitoso hombre de negocios tiene entre sus pasiones confesables los relojes de alta gama, los puros cubanos y la marihuana. Desde 2019, el rapero se asoció a la marca de cannabis Caliva y el pasado mes de octubre anunció la creación de su propia línea de productos bautizada Monogram, que incluye lujosos puros elaborados por artesanos “altamente capacitados”.

El exfutbolista David Beckham es otro de los nombres conocidos que han invertido en productos con derivados del cannabis. En su caso ha apostado por Cellular Goods, una línea de cuidados de belleza de la que adquirió el 5% por 250.000 libras (unos 291.000 euros). Un desembolso que ahora está valorado en 5,5 millones de euros, y una marca que quiere ampliar sus productos el próximo otoño con mascarillas faciales y geles deportivos en roll-on con infusión de cannabidiol (BD).

Miley Cyrus ha pasado de verse en un vídeo, que filtró TMZ, fumando un porro cuando era estrella de Disney Channel, a tener su propio papel de liar de pan de oro e invertir en la granja de cannabis Lowells Herb y en un restaurante en West Hollywood llamado Lowell Café, que ofrece a sus comensales una variedad de productos que incluyen cigarrillos liados, comestibles o bebidas con THC o tetrahidrocannabinol, el cannabinoide más conocido de la marihuana.

 

Fuente: El País 

Redactora que cubre información en la sección de Sociedad. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactora de información local de Madrid, subjefa en ‘El País Semanal’ y en la sección de Gente y Estilo donde formó parte del equipo de columnistas. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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