
Por: Raúl Serebrenik
Director de Family Enterprise Consulting International Group (FECIG) y autor del libro Dinastías Familiares, Legado y Riqueza
La diáspora empresarial venezolana ha dejado una huella creciente en la economía de Panamá, tanto por la consolidación de negocios tradicionales como por el establecimiento de nuevas inversiones formales, que han creado riqueza y empleos. Y las empresas familiares en particular, están jugando un rol estratégico en ello.
Un estudio elaborado por la Cámara de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Venezolanos en el Exterior (CAVEX) y la Cámara de Empresarios Panameña Venezolana (CEPAVEN), con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), revela que más de 5.000 empresas venezolanas operan en Panamá, con una inversión que superó los 1.800 millones de dólares en los últimos 10 años.
Estas actividades han generado cerca de 39.000 empleos directos e indirectos y aportado más de 200 millones de dólares en impuestos al fisco panameño, cifras que podrían crecer con una plena regularización migratoria de sus propietarios y trabajadores.
La diversidad de sectores en que participan estas empresas va desde actividades comerciales (hoteles, restaurantes, panaderías, tiendas de todo tipo, por ejemplo), financieras y bancarias hasta servicios profesionales de alto nivel, servicios logísticos, productores de alimentos o compañías de bienes raíces y manufactura ligera (incluso fábricas de pintura y desarrolladores de nueva tecnología agrícola en campos panameños), entre otros.
Panamá, con su moneda estable, régimen fiscal atractivo y posición estratégica como centro logístico y financiero regional, ha sido un destino natural para familias empresarias venezolanas que buscan expandir su actividad más allá de un contexto económico adverso en su país de origen.
Sin embargo, pese a la magnitud del aporte agregado, existe escasa documentación pública desagregada que detalle producción, volumen o métricas precisas de cada empresa familiar individual venezolana en Panamá. Lo cierto es que instituciones financieras mantienen presencia sólida, como los bancos de origen venezolano (como Banesco de la familia Escotet Rodríguez, por solo citar un caso), con servicios que apoyan tanto al empresariado migrante como a la población local, fortaleciendo el sistema financiero y facilitando operaciones comerciales dentro y fuera de Panamá.
Podemos citar cientos de casos más de empresas familiares venezolanas que están marcando una huella positiva para el desarrollo de esta sociedad, pero al menos mencionaremos adicionalmente estos: los de las familias Cohen (centros comerciales), Cruz Diez (taller de producción de arte cinético), Kruppol/Zigg (Tiendas de ropa EPK), Bejarano (Sannet Solutions), González (Avanti Centro de Rehabilitación) y Neumann (pinturas Montana-Grupo Corimon).
El economista David Licheri, quien presentó el Estudio del Impacto Económico de la Migración Venezolana en Panamá: Realidad vs. Potencial durante la cumbre internacional de la Cavex, estima que el aporte a las arcas del Estado panameño de las empresas venezolanas podría aumentar 39% con las políticas públicas adecuadas, venciendo la informalidad y aprovechando mejor el talento humano venezolano disponible para desarrollar mejor a la economía nacional.
El 49.9% de los venezolanos que viven en Panamá tiene educación superior y el 64.7% también cuenta con formación técnica. Cavex promueve la atracción de nuevas inversiones venezolanas al país para una mayor generación de empleos y riqueza.
Podemos potenciar el impacto económico venezolano en Panamá de múltiples maneras. Y aprovechando que estamos a punto de cerrar el año, voy a compartir con ustedes hoy unas claves de prosperidad especialmente dirigidas a las familias empresarias venezolanas que les ha tocado salir de su país de origen, para que puedan contribuir de la mejor manera posible a su integración y a la construcción de una economía más inclusiva y sostenible en Panamá:
- Institucionalizar la empresa familiar: Crear estructuras claras de gobierno corporativo y políticas que separen propiedad de gestión para fortalecer la toma de decisiones y continuidad intergeneracional.
- Innovación tecnológica y resiliencia empresarial: Los tiempos que corren nos obligan a acelerar nuestra capacidad y velocidad de adaptación a entornos cambiantes locales, nacionales, regionales y globales cada vez más competitivos y menos predecibles.
- Invertir en capital humano local: Integrar talento panameño y fomentar programas de formación y liderazgo que fortalezcan la sostenibilidad de las operaciones.
- Diversificación productiva responsable y compromiso con la sostenibilidad: Apostar por sectores con impacto social, como manufactura con valor agregado, tecnología y servicios que generen empleos formales y respeten normativas locales. También es importante implementar prácticas ambientales y sociales que contribuyan al desarrollo equitativo, generando valor compartido más allá del beneficio empresarial.
- Crear incentivos fiscales y otros para la atracción de capital extranjero “inteligente”: Los países compiten por la inversión extranjera y Panamá es un país que tiene ciertas ventajas en Latinoamérica para lograrlo, pero la pregunta es qué tan competitivo es frente a otras opciones actuales.
Con estos enfoques, las familias empresarias venezolanas pueden consolidar mejor su legado en Panamá, no solo como grupos de inversión sino como agentes de desarrollo económico y cohesión social. Al cierre de este artículo, les compartiré otras cinco claves de sostenibilidad y expansión de empresas familiares para perpetuarse como dinastías empresariales, generación tras generación.
Las familias empresarias venezolanas en Panamá, a las que les tocó entrar en un nuevo país, con una cultura muy diferente y sobre todo con un mercado más pequeño y una dinámica empresarial diferente, tienen grandes desafíos en 2026. Pero también ustedes cuentan con atributos importantes para sostener su legado patrimonial y empresarial por generaciones. Esas capacidades que les permitieron desarrollarse aquí son en realidad ventajas competitivas, como su capacidad de adaptación, su resiliencia empresarial y su velocidad de llegar al mercado.
En un entorno global cambiante como el actual, en general, las empresas familiares venezolanas tienen dos grandes retos y un tercer reto inherente al mercado panameño. El primer reto es la transformación digital, el segundo es la internacionalización de las empresas y el tercero es conseguir en un pequeño mercado como el panameño el recurso humano adecuado para lograr hacer crecer la organización a un ritmo mayor del que crecen sus propias familias.
Sin lugar a dudas, las empresas que logran cambiar a una mayor velocidad de lo que el entorno cambia es por qué ha desarrollado esas capacidades de adaptación que hoy más que nunca se requieren. Esa agilidad superior con la participación de sus nuevas generaciones es otra clave.
Además, es la hora de la esperanza. Pronto veremos como muchas empresas familiares venezolanas podrán abrir operaciones en su propio país natal, posiblemente siendo las principales protagonistas de la recuperación económica y social, y jugado ese rol estratégico para la prosperidad después de épocas conflictivas.
¿Cómo convertir tu empresa familiar en una dinastía familiar?
Se entiende por una dinastía familiar a una empresa familiar que cumple con cinco condiciones, entre las cuales destaca la permanencia del mismo grupo familiar controlando la compañía por al menos cinco generaciones.
Japón es el país que cuenta con más dinastías empresariales del planeta. Esa nación cuenta con 21 empresas de más de 1.000 años de existencia y aproximadamente 140 empresas de 500 años de longevidad, 2.000 de más de 300 años, cerca de 4.000 de más de 200 años y más de 50.000 de más de 100 años.
Y cierro con Toshio Goto, profesor de Japan University of Economics, quien nos precisa cinco claves de las empresas familiares niponas que han logrado transformase en dinastías y perpetuar sus patrimonios después de la tercera generación, en lugar de venderse al mejor postor cuando empiezan a enfrentar crisis importantes.
Podemos aprender mucho de ellos y replicar en nuestras propias empresas familiares lo que creamos más conveniente:
1) Sistemas de dirección de empresas no solo sofisticados, sino efectivos (las juntas directivas de alto impacto son claves para sobrevivir en estos entornos actuales).
2) Innovación y capacidad de combinar armónicamente las tradiciones históricas, religiosas y espirituales con esos procesos de innovación, adaptándose a los nuevos tiempos.
3) Las dinastías empresariales gestionan el compromiso con una visión de muy largo plazo y una connotación comunitaria.
4) Empeño en el proceso de formación empresarial de prácticas superiores de gestión y de calidad, como parte de la responsabilidad empresarial corporativa.
5) La planeación a largo plazo incluye a todos los grupos de interés (stakeholders).
Las estadísticas sugieren que la mayoría de las compañías familiares no superan los 20 años y las que lo logran lo hacen especialmente cuando hay una buena relación familiar y cuando se hace la poda necesaria a tiempo para no crear cargos o hacer gastos administrativos innecesarios.
La clave está en la tercera, cuarta y quinta generación, pues deben gerenciar muy bien para perdurar. Más del 40% de las causas de mortandad de las empresas familiares tiene que ver con una crisis interna de los miembros. Las firmas, aunque sean muy rentables, tienden a desaparecer si hay tensiones. Pero con la asesoría y planificación estratégica adecuada todos los retos son superables.





























