Aunque la cifra sigue siendo baja en comparación con ciudadanos de Cuba y Haití, en el peligroso paso de la zona selvática del Darién, que separa a Colombia y Panamá, ya se ha registrado la presencia de venezolanos que, como el resto de migrantes que caminan la zona, buscan iniciar el paso por Centroamérica con destino final Estados Unidos.

La organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras, se ha dado a la tarea de investigar la situación que viven los venezolanos en Bajo Chiquito, la primera población de Panamá a la que llegan todos los migrantes que pueden atravesar la selva.

“Vi al menos 10 cadáveres, pero lo peor es la gente que se queda atrás, las mujeres que no pueden subir las lomas, que se resbalan con la lluvia y el barro. Es una ruta en la que nadie espera, nadie ayuda a nadie. En la Loma de la Muerte vi caer a una chica, la gente gritó, pero nadie hizo nada, no se puede hacer nada. Ves gente sentada, herida, que tal vez llevan días ahí, esperando la muerte. Eso es lo peor, no tener nada con qué ayudar”, le contó uno de los migrantes venezolanos a Médicos Sin Fronteras.

Crece la cifra

Una fuente que prefirió el anonimato contó a El Venezolano de Panamá, que, en su visita a los dos centros de refugio en Bajo Chiquito, pudo notar un crecimiento significativo de la cantidad de venezolanos que están cruzando la selva.

La fuente, además, denunció el mal estado en el que se encuentran los refugios que reciben a los migrantes. “Es un desorden con basura por todos lados. Las condiciones son inhumanas”.

Sobre las historias que le contaron los propios migrantes venezolanos, dijo lo siguiente: “Hay anécdotas que paran los pelos. Que te cuesta creer, pero que sabes que las están contando porque las vivieron. Una de las personas, un señor de Maracaibo me contó cómo vio a todos los miembros de una familia muertos, tirados en el piso, mujeres que fueron violadas. Es una total pesadilla”, recordó la fuente.

“Seguimos siendo testigos del enorme flujo de migrantes por el tapón del Darién, pero lo que nos indigna es seguir siendo testigos del nivel de desprotección de esta población, que sufre ataques y agresiones sexuales en el camino. Es por ello que pedimos a los gobiernos involucrados protección para la población migrante en una ruta que sea segura”, manifestó el coordinador de terreno de Médicos Sin Fronteras en Panamá, Raúl López.

Acciones

Panamá y Colombia se han abordado para abordar el tema del alto flujo de migrantes y las condiciones por las que están pasando, incluso luego de atravesar la peligrosa selva del Darién.

“Panamá y Colombia quieren montar un frente común para atender (a los migrantes). Somos ambos países de paso de una migración que no busca refugio en Panamá ni en Colombia”, dijo la canciller panameña, Érika Mouynes.

“La idea es que los migrantes se muevan por un solo sitio, tengan un solo lugar de llegada a Panamá, evitando que crucen por la selva del Darién, en donde sabemos que corren tantos riegos”, agregó Mouynes.

Marta Lucía Ramírez, canciller colombiana, destacó que “en materia de crimen organizado, hemos acordado también que pondremos de por medio el trabajo de Ameripol, Interpol, inteligencia y autoridades judiciales que nos permita judicializar estas redes que pueden estar lucrándose”.

Ramírez agregó que “la crisis humanitaria tenemos que ver cómo evitarla, prevenirla, poniendo unos controles lo suficientemente claros en las fronteras de cada país”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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