INFOBAE/Darío Mizrahi

Las encuestas están en la mira desde hace cuatro años en todo el mundo. La victoria del Brexit en el Reino Unido y, pocos meses después, el triunfo de Donald Trump ante Hillary Clinton, fueron letales para su credibilidad ante los ojos del público. Es verdad que son dos elecciones completamente diferentes, pero en ambas, el consenso de los encuestadores pronosticaba resultados opuestos, que coincidían con lo que esperaba la mayoría de los comentaristas y de los medios. Que se haya producido lo contrario los dejó muy expuestos.

Los comicios presidenciales de este martes en los Estados Unidos son una oportunidad para las consultoras de opinión pública. Un acierto podría ser una rehabilitación. Pero otro pronóstico errado podría ser demoledor.

A dos días de las elecciones, Joe Biden lidera con mucha claridad las proyecciones de intención de voto. El 52% de las personas que irían a votar —o que ya lo hicieron de forma anticipada— dice que lo hará por el ex vicepresidente, frente a un 43% que se inclina por Trump, según el promedio de las principales encuestas que realiza el sitio especializado FiveThirtyEight. La ventaja, de nueve puntos, es más del doble de la que tenía Clinton sobre el actual mandatario en 2016 (45,5% a 41,7%).

Pero este dato dice poco acerca de cómo está realmente la carrera presidencial, porque se pueden sacar más votos y perder las elecciones, como le pasó a la ex secretaria de Estado. En el voto popular se impuso por 48,2% a 46,1%, pero en el Colegio Electoral perdió por 304 a 227.

Es que los estadounidenses no votan directamente por candidatos a presidente —aunque estos encabecen las boletas—, sino por electores, personas designadas por cada partido en los 50 estados del país y en Washington DC para representar su voluntad.

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