Foto: Referencial.

Venezuela está hundida en una crisis política y económica aguda, su principal recurso económico como lo es el petróleo está en caída, sus habitantes temen a ser asesinados y como si fuese poco les ha tocado comer de la basura, sin contar las atrocidades que se ingenian los delincuentes en el país, para azotar a los habitantes. Su capital, Caracas, es la ciudad más violenta del mundo: en 2015 hubo 3,946 homicidios, casi 120 cada 100.000 residentes.

La nación con costas sobre el Caribe alcanzó otro primer puesto nada envidiable: es el país con la mayor inflación del mundo. El Fondo Monetario Internacional proyectaba en octubre que terminaría 2016 en 720%. El gobierno –según las estadísticas oficiales, la inflación fue de 180% en 2015–, dice que el país enfrenta una “guerra económica” y que la inflación es “inducida”.

Ante tantos problemas, venezolanos se han tomado la tarea de buscar otro destino, en el caso de Mariana Moreno y Freddy Gómez –venezolanos, 24 años, novios–, provenientes de San Cristóbal, Táchira, Uruguay fue el país que les abrió las puertas, su sorpresa no fue los bellos paisajes, sino la cantidad de productos que habían en los anaqueles, hasta lo nuevos de los neumáticos de un vehículo.

Reseña El Observador, en los últimos tiempos, muchos tomaron la decisión de emigrar. Un país que tradicionalmente recibía gente –entre otros, exiliados uruguayos durante la dictadura– se convirtió en un expulsor de población. La pertenencia de Venezuela al Mercosur (más allá del sainete en que se convirtió este asunto en los últimos meses) hizo que muchos de los que buscaban un país al que viajar pusieran sus ojos en Uruguay por las facilidades para, entre otros, obtener la residencia.

En los últimos años la cantidad de venezolanos que obtuvo su documento de identidad uruguayo no hizo más que crecer. Mientras que en 2011 fueron 369 los nacidos en Venezuela que sacaron la cédula uruguaya, para entre enero y mediados de diciembre de 2016 esa cifra había trepado a 2.220, según datos de la Dirección Nacional de Identificación Civil del Ministerio del Interior.

También son más hoy que un tiempo atrás los que tramitan sus residencias temporarias: 35 en 2013, 27 en 2014, 43 en 2015 y 67 a noviembre de 2016, de acuerdo a la Dirección Nacional de Migración, también de Interior. Las residencias permanentes, en tanto, también treparon. En 2015 fueron 667 los venezolanos que la tramitaron. Cuando no había terminado 2016, este número ya había llegado a 787. El grueso de este grupo (376) tiene entre 25 y 34 años. “Estamos frente a ciudadanos venezolanos que son población económicamente activa y un gran número de ellos han manifestado tener estudios terciarios finalizados y/o prontos a finalizar”, indica un informe de cancillería.

Dimensionar el tamaño del fenómeno migratorio en Venezuela no es tarea fácil. El gobierno no divulga cifras al respecto. Tampoco habla de él públicamente. Ante esta laguna de información oficial, algunos académicos comenzaron a estudiar el tema.

El sociólogo Tomás Páez es uno de ellos. Su libro La voz de la diáspora venezolana aborda la problemática. Según las investigaciones de este profesor de la Universidad Central de Venezuela, al día de hoy alrededor de dos millones de venezolanos están fuera del país. Nueve de cada 10 de los que se fueron lo hicieron en los últimos 17 años, “durante este gobierno”, indica.

A la hora de explicar por qué tomó la decisión de salir de Venezuela, la mayoría menciona a la inseguridad como la causa número uno. “Además tenemos una inflación que es la más alta del mundo”, agrega el sociólogo.

Páez entiende que el modelo que lleva adelante el chavismo –ahora con Maduro a la cabeza– “conduce a la penuria, la escasez, el hambre y la muerte, no hay otra opción”. Mientras eso no cambie, añade, los que puedan seguirán saliendo del país.

De todas maneras, el académico ya piensa en el mañana y dice que “reconstruir” Venezuela será una tarea cuesta arriba.

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