No alimente los rumores. Evite difundir cadenas si no conoce a la persona que generó el mensaje original. Foto: Pexels.

Expertos recomiendan controlar la cantidad de tiempo en línea y aferrarse a pocas pero confiables fuentes periodísticas

 

En un grupo familiar de Whatsapp llamado “Los que nos fuimos de Venezuela”, los mensajes no paran. La nube de notificación indica que hay 125 nuevos, entre videos, fotos y cadenas. “Maduro llamó Pablo Rico a Rubén Blades, aquí tienen el video, mi gente”, dice uno de los tantos. “Hoy tumban al Gobierno. Se alzaron los militares”, enseña otro. La información, cierta y falsa, simplemente no para.

También están Twitter, Facebook, Instagram y Periscope. Venezuela atraviesa la peor crisis humanitaria, política y económica de su historia, y ante la censura de los medios tradicionales por parte del Gobierno de Nicolás Maduro, hay que ingeniárselas para escudriñar información, y las redes sociales son el perfecto aliado.

El “ataque informativo” no cesa y la ansiedad pasa a jugar un papel importante en el día a día de los venezolanos que hacen vida en el exterior, casi dos millones, según Iván de la Vega, profesor de la Universidad Simón Bolívar y director del Laboratorio Internacional de Migraciones.

Consecuencias

“Es normal sentir ansiedad. Esta situación está plagada de incertidumbre y es un juego de roce y desgaste”, opinó Jenny Naja-Espinoza, psicóloga clínica. Anabella Mirowski, coach ontológico, ha estado trabajando en Panamá con talleres sobre migración inteligente y explicó que muchas de estas personas llevan en sí un lapso llamado “culpa del sobreviviente”.

“Pertenezco a un sistema y ese sistema está siendo atacado y de una manera estoy en un espacio (en el exterior) protegido y me siento culpable porque considero que no estoy siendo leal a mi medio, que lo abandoné, que le di la espalda”, explicó.

Naja-Espinoza alertó sobre las posibles afectaciones de estar siempre conectados recibiendo información.

“Estamos expuestos indirectamente al trauma a través de la escucha y exposición a las imágenes. Esto se conoce como stress traumático secundario, cuyos síntomas incluyen algunos de los mismos síntomas experimentados por las víctimas directas del trauma, incluyendo fatiga, múltiples quejas físicas, tendencia al aislamiento, sentimientos de desesperación, sueños de angustia o pesadillas, flashbacks (reviviendo en tu mente las imágenes, fotos o videos) y estado de hiper-alerta”.

¿Desligarse es la solución?

Las especialistas coinciden en que despegarse por completo no es la mejor decisión, por lo que hicieron varias recomendaciones. “Limitar el número de horas en redes sociales y vincularse, pero de un modo distinto. No es lo mismo pasar tres horas en Facebook que invertirlas en un espacio para una videollamada con familiares, para escuchar y dar apoyo”, explicó Naja-Espinoza.

Mirowski sostuvo que lo ideal en este caso es centrarse. “No solo es que hay mucha información, también que hay mensajes intencionales para crear saturación y aturdimiento. Hay que aferrarse a pocas fuentes que sean confiables. Esto es difícil ya que la tentación te lleva a pedir más porque la familia está allá, pero eso agota. Hay que auto disciplinarse y poner horarios. Vivir pegado a las redes es lo más insano que hay”.

 

 

 

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