María Angélica Troncoso

Río de Janeiro está vacía y agoniza; no hay turistas, los hoteles operan a media marcha y el color del carnaval se esconde bajo el gris asfalto de las calles. Este año la pandemia mató a la fiesta más icónica de Brasil y dejó sin sustento a miles de cariocas que viven del espectáculo.

Por primera vez en su historia Río no tendrá su carnaval -que comenzaría este viernes- y las consecuencias económicas de su cancelación para evitar una mayor propagación de la covid se predicen nefastas, con pérdidas estimadas por la patronal de los comerciantes en 2.700 millones de reales (509 millones de dólares), cifra nunca antes vista en la postal de Brasil.

Se han visto afectados desde los ambulantes que apaciguaban la sed de miles de “folioes” (fiesteros) en las comparsas callejeras hasta los hoteleros, que han visto reducida su ocupación en más de un 50 %.

También han sentido el azote los profesionales invisibles que año tras año dan brillo al carnaval. Artesanos, diseñadores, carpinteros, soldadores, costureros y mecánicos: todos quedaron cesantes.

A ellos se suman infinidad de músicos y bailarines, así como comerciantes que importaban adornos, disfraces e implementos para el carnaval. Toda la cadena de productos, comercio y servicios ha sentido el golpe.

Los más azotados han sido los pequeños negocios y los trabajadores temporales, en su mayoría personas de escasos recursos cuyo sustento depende del carnaval.

Solo en el sector turismo más de 25.000 personas que antes ayudaban a atender las demandas de la principal fiesta carioca dejaron de ser contratadas temporalmente en hoteles, bares y restaurantes de Río, según explicó a EFE Fabio Bentes, economista de la Confederación Nacional del Comercio (CNC).

“¡Las ventas han sido pésimas! Sin el carnaval estamos vendiendo sólo un 10 %”, aseguró a EFE María Vicente da Silva, una mujer de 52 años que trabaja en una tienda de artículos para carnaval en Saara, un popular polo comercial en el centro de Río famoso por la venta de este tipo de productos.

“Esto es muy triste. Vemos muchos comercios cerrando las puertas porque no tienen condiciones para mantenerse abiertos”, agregó.

UNA PRUEBA DE RESISTENCIA

Las escuelas de samba, alma, corazón y vida del carnaval, han tenido que reducir drásticamente su personal y hacer maromas para mantenerse a flote.

Con 22 títulos a cuestas y 98 años de fundada, la Portela, la mayor campeona de la fiesta carioca y una de las escuelas de samba más tradicionales de Río, no es la excepción.

En el último año, 50 de sus miembros fallecieron -la mayoría por covid- y los ingresos propios de la escuela prácticamente se esfumaron por impedimentos de la pandemia.

En esta escuela, unas 400 personas se han visto perjudicadas con la cancelación del carnaval. La mayoría es personal temporal que trabaja en la Ciudad de la Samba, un lugar lejos de la sede principal, donde se confeccionan los disfraces y se hace el montaje de los carros alegóricos (carrozas).

“Es mucha gente. Es un ejército que trabaja para cada escuela de samba y esas personas necesitan de un proyecto de carnaval para poder sustentar a sus familias con dignidad”, indicó a EFE su vicepresidente, Fabio Pavao.

La situación es similar en Beija Flor, otra de las 12 escuelas del Grupo Especial, donde están las mejores.

“Bajamos los salarios e intentamos mantener a todos los colaboradores hasta ahora, porque los gastos son muy altos si no se tienen ingresos”, aseveró a Efe Selminha Sorriso, la famosa portabandera de la escuela.

Para esta mujer que lleva 26 años levantando con orgullo la bandera de la Beija Flor, la pandemia ha sido una dura prueba de resistencia, pero “todo el dolor que trajo también nos fortaleció”, aseguró.

EL TURISMO, EL MÁS AFECTADO

Río de Janeiro responde por más del 30 % de los ingresos de todo Brasil por turismo recreativo, y el carnaval, por contar con la fiesta más atractiva y famosa, es la que más dividendos deja para la capital fluminense.

El año pasado, 2,1 millones de turistas -de los cuales cerca de 500.000 extranjeros- visitaron Río durante la fiesta y dejaron unos 3.800 millones de reales a la ciudad (unos 717 millones de dólares, al cambio actual), un récord para la “cidade maravilhosa” que en los últimos años venía aumentando consecutivamente el número de visitantes.

En 2020, el sambódromo reunió en cuatro días unos 300.000 espectadores, pero la mayor movilización se dio en las calles, con los desfiles de 450 blocos (comparsas) que fueron acompañados por más de 7 millones de personas por toda la ciudad.

Para entonces, los cupos en los hoteles se llenaron en un 93 %. Este año, solo se ha reservado el 41 % de los cuartos, y de ese total, solo un 8 % fue separado por extranjeros.

En un primer momento, el carnaval de Río llegó a condicionarse a la vacuna y fue aplazado para julio, pero en enero la Alcaldía de la ciudad optó por cancelarlo definitivamente por dificultades logísticas para su organización.

La decisión traerá un fuerte revés económico para Río pero evitará las aglomeraciones y frenará la propagación del virus en una ciudad de siete millones de habitantes, donde más de 193.000 se han contagiado y unos 18.000 -el mayor número en todo el país- perdieron la vida por la covid.

 

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