Texto y Fotos: María de los Ángeles Ramos Barboza

Apoyado en sus dos muletas, debajo de un árbol de nim, Harold Paredes miraba a cada rato el reloj como señal de desespero, pues ya tenía 14 horas en la kilométrica cola para surtir gasolina a su carro.

El joven discapacitado –perdió su pierna izquierda en un accidente- llegó a la estación de servicio Lago Pista de Maracaibo a las 2.00 de madrugada, con la esperanza de salir antes de la hora de almuerzo, pero su desvelo fue en vano. “Ando sin desayuno y sin almuerzo y aquí me va a dar la hora de la cena también. Me faltan como 100 carros por delante, pero tengo que esperarme, no tengo de otra, para pasar de una vez los policías me cobran 15 mil soberanos y no los tengo. Ni los discapacitados tenemos descuento”, lamentó Paredes.

Y es que después del primer apagón general registrado en Venezuela después de asueto de carnaval, para los zulianos se ha convertido en una pesadilla tanquear gasolina, ya que se demoran hasta un día haciendo las filas interminables y pareciera que la situación no va a mejorar.

El problema de la falta de energía a diario persiste y no todas las estaciones de servicio zulianas cuentan con planta eléctrica para poder operar durante las llamadas “administraciones de carga”, que pueden ser de 18 horas contínuas dependiendo del sector.

“Ya tenemos un mes con este problema, yo tengo que rodar mucho y pierdo un día completico. La semana pasada tuve que pagar 15 dólares a un guardia para tanquear rápido porque me salió una carrerita para Valera y me cobré 100 dólares”, indicó David González, taxista de de 69 años.

Dinero extra

Los funcionarios que deben custodiar las estaciones de servicio se valen de esa función para “meterse en la maraña”y tienen tarifas para pasar a sus clientes sin hacer la demorada cola.

Los autos son los más económicos, sus propietarios deben pagar 15 mil bolívares en efectivo o en su defecto el equivalente en dólares. Las camionetas pick up tienen un costo más elevado: 45 mil soberanos o 15 dólares, mientras que los camiones 350, 750 o volteos pagan una “regalía” más alta porque los funcionarios suponen que son “bachaqueros y les cobran el equivalente a 25 o 30 dólares.

“En las bombas de Cabimas aceptan pesos. Por los camiones piden 90 mil pesos. Sacan la cuenta de lo que ganan los bachaqueros y por eso les exigen ese monto. Esto es una sinverg[uernzura”, nos señaló José Colina, chofer de una “perrera” –camioneta que usa rejas en el cajón para montar pasajeros y cubrir una ruta urbana de transporte-. Colina estaba en la fila de la estación frente a Burger King en San Francisco. “Aquí estoy desde anoche. Yo me viene con almohada y cobija porque hace frío de noche. Me faltan como 20 carros para echar gasolina”.

En esa misma estación de combustible, al igual que en las demás, existe una cola alterna para los privilegiados, es decir, para los que “se bajan de la mula”.

En algunas bombas de San Francisco los que tienen el control de estas colas no son ni policías ni guardias, sino hombres vestidos de particular, con pistolas en la cintura y carnets voletados. Ellos son los que dirigen, son los que mandan.

“Esos son los tupamaros. A ellos nunca los dejan por fuera de las marañas, incluso cuando hay policías los tupamaros los humillan, los desautorizan, se nota que tienen más poder que la misma policía. Nadie en las colas se atreve a decirles nada porque les tienen mucho miedo”, contó Gustavo Cáceres, quien hasta una hamaca cuelga en su camión cuando le toca hacer la cola.

Las personas que se esfuerzan, se desvelan y se agotan haciendo las kilométricas formaciones, se molestan cuando vienen los privilegiados y pasan rapidito. “No tolero esa situación, es injusto para los que los calamos todas estas horas. Yo protesto y los policías se hacen los locos”, dijo con furia Omaira Ferrer, en la bomba La Calzada de El Milagro.

“Hay un psicoterror que funciona para los conductores que hacen su cola normal, les decimos que solo les echaremos 30 litros de gasolina y de una vez nos suplican que les llenemos el tanque. Que llevan muchas horas en la cola, así que nos hacemos los duros y siempre nos tiran algo, aunque sea dos mil soberanos, nos han dado paquetes de arroz, harina, una bolsa de pastelitos, Cocacola, cualquier cosa, eso nos queda a nosotros los bomberos”, nos aseguró un bombero de la estación de combustible El Bebedero, quien no reveló su nombre para proteger su identidad.

Nildo Rangel, conductor de una vans de transporte público fue muy astuto. Él no pagó ni con soberanos, ni con dólares ni con pesos y surtió primero que muchos que sí pagaron. Nildo se bajó con dos botellas de agua y hielo y se las regaló a los bomberos, quienes se la pegaron “a pico”. El señor Rangel sabía que esa colaboración era difícil de resistir a las 4.00 de la tarde en Maracaibo, con una sensación térmica de 40 grados.

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