Fotos: Corina Briceño

Son tiempos difíciles los que vive el país, pero en algún rincón del mundo siempre hay un venezolano trabajando con orgullo para dejar en alto el gentilicio, reforzar esa cultura en sus coterráneos y convertirse en un buen ejemplo a seguir. Si hay algo que extrañamos cuando salimos del terruño es la gastronomía, ese sabor a casa que nos reconforta en cada bocado.

Gracias a Carlos García, chef venezolano del restaurante Alto, y a Mario Castrellón chef panameño del restaurante Maito, viajamos para conectarnos con nuestras raíces y también para apreciar la sazón del país que nos abrió las puertas. Lo hicimos a través del cacao, protagonista de la noche en cada uno de los platos. Por Venezuela estuvo presente la marca venezolana Franceschi, una empresa familiar cacaotera que ha guardado un legado de seis generaciones. Por Panamá el cacao de la provincia de Bocas del Toro, considerado de muy buena calidad, fue la estrella. Para resaltar ambos productos la cena recibió el nombre “Dos orígenes” y el menú comprendió recetas de García y Castrellón, dos grandes que se han ganado un merecido espacio en la lista de los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica.

Carlos y Mario se conocieron tres años atrás y desde entonces han cocinado juntos en varias ocasiones. “Nos llevamos muy bien, hemos hecho una muy buena amistad”, cuenta García. “Para mí ha sido un honor y un gran aprendizaje. En esta cena unimos dos orígenes y hay una sola hermandad”, dijo Castrellón.

La cena

Ocho platos preparados en honor al cacao, con cariño y mucho sabor. El primero fue un tartar de jurel (pescado) con nibs de cacao Carenero (Franceschi) y piña fermentada. El segundo fue una ración de zanahorias bañadas en una salsa de café Bourbon y cacao de Bocas del Toro. Luego llegaron los patacones con salsa de naranja y cacao de Río Caribe al 70 % (Franceschi). El tofu, una influencia oriental muy marcada en la cocina panameña, fue presentado con una salsa de cáscara de café y cacao. Las costillas de cerdo sazonadas con cacao Sur del Lago (Franceschi), café Geisha y sarrapia fue uno de mis platos favoritos junto al choco pato taco (tacos con pato en salsa de chocolate). Para terminar dos postres de lujo: helado de queso del país con cacao de Bocas del Toro y sorbete de coco acompañado de bizcocho de chocolate, más un shot de ron venezolano.

¿Qué más se puede pedir? Fue un encuentro fraternal, entre panameños y venezolanos, con comida rica sobre la mesa. Al fin y al cabo, la gastronomía nos une.

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