Carlos Scoffio es productor de teatro, televisión y espectáculos en general.  Fue Gerente del Ateneo de Caracas y del Teresa Carreño.  Su vida es el arte y la cultura sobre todo “el que genera controversia y reflexión porque además de lo estético, nos invitarnos a pensar, incluso a estudiar para ampliar nuestros conocimientos sobre ciertos temas”, quizás por ello ha puesto es escena obras como “Asia y el lejano oeste” y “El hombre de la Mancha” que producen en el espectador una introspección  asi como también sabe arrancar sonrisas con   “Calletana no se calla”.  Esta semana en CONVERSACIONES.

 

Creemos que es importante hacer un balance de un sector que en la vida de los pueblos habla del avance o retroceso que como nación se haya logrado en un periodo determinado.  Las artes y la cultura nos dan señales a ese respecto en su particular manera de decir las cosas.

Hacer un balance del sector cultural en nuestro país, digamos de la última década para no ir más atrás, es una tarea penosa.  Y es que para nadie es un secreto que aquí, el arte  y la cultura dependen en mucho de los aportes o subvenciones del Estado y éste ha sectorizado su aporte a quienes son complacientes con ellos.  Eso no es cultura, es sencillamente  un palangrismo cultural, un grupo que lo que ha hecho es fomentar algo que se puede llamar de cualquier forma, menos cultura.  Sin embargo, asi como en el pantano florean Lirios, en este sector hay  iniciativas que despuntan, que sin ningún tipo de contribución estatal, llevan a cabo trabajos culturales importantes, de primera línea para el disfrute del público venezolano.

 

¿El sector cultural entonces ha sido golpeado por el gobierno chavista-madurista?

A este país lo han ido desmontando poco a poco.  En lo político, en lo económico, en lo social hasta en lo familiar ya que hoy por hoy, las familias están separadas a consecuencia de la crisis que vivimos. Por supuesto que el sector cultural no escapa de esta dura realidad.  Es increíble que siendo este país  pionero a nivel artístico en el mundo entero  -no estoy hablando del sistema de orquestas, ni  de los niños de nuestras etnias originarias que lograron tocar maravillosamente el violín-; no estoy hablando de eso, lo que quiero decir es que éramos referencia en  las artes en general.  Teníamos el Festival Internacional de Teatro de Caracas, el Festival de Música de El Hatillo o el de Cámara de la Colonia Tovar, donde venían los mejores interpretes en cada una de sus áreas y  nuestros talentos se codeaban con los mejores del mundo.  El venezolano, a través del arte iba ampliando su formación, diversificándola al tiempo que  disfrutaba en su tierra de espectáculos de talla internacional.  Gracias a ese impulso y desarrollo cultural que tuvimos antes de entrar en este “proceso” , el venezolano cuando viaja, puede discernir  entre un espectáculo bueno y el que no lo es y puede hacer una crítica con base porque tuvimos la oportunidad de ver y conocer la exquisitez de buen montaje, cosa que ahora, también escasea.

 

¿Cómo ve el sector para 2018?

Se va reducir más producto de lo que te dije antes: no habrá un aporte del Estado porque la política cultural de ellos es que todo espectáculo que no lance loas al sistema imperante, no puede alzar el telón.  Y si la empresa privada quiere patrocinar alguna obra que vaya contra los preceptos del régimen, tendrá una espada de Damocles encima que les impide apoyar al arte, que debe ser primordialmente libre.

 

¿Cuando usted habla de que el sector cultural se reduce, lleva implícito el que el talento también ha salido de nuestras fronteras buscando nuevos espacios donde pueda expresarse?

Claro, nuestros artistas, músicos, pintores, escultores, actores, productores, escritores etc., están saliendo en oleadas, es impresionante ver la diáspora no solamente de científicos, médicos, ingenieros o técnicos, también lo estamos observando en este sector.  Mire, el actor de teatro que siempre ha sido un artista con recursos limitados, veía ciertos beneficios en el mundo de la televisión y se alternaba, seguía subiéndose a las tablas de un teatro porque era lo que le apasionaba, pero ahora la telenovelas son inexistentes, los dramáticos no se producen,  y los actores están migrando hacia España unos, otros a México, Colombia, Estados Unidos y probablemente no para ser actores, muchos como Juan Carlos Barry, comediante de la Radio Rochela, quien se encuentra residenciado en Miami, ha tenido que dedicarse a la hotelería.  Los camarógrafos, editores, luminitos también están saliendo del país porque un técnico de un teatro no puede ganar lo que cuesta su trabajo porque se ha impuesto una escala salarial.  El teatro de Chacao, por ejemplo,  que es un ícono porque se construyó, luego del Teresa Carreño, con los estándares de un teatro, se está quedando cada vez mas solo porque como depende de la administración pública y ésta tiene un baremo y una tabla por la que manejan los sueldos, a los técnicos les pagan menos que un salario mínimo.  Un técnico especializado por más de 20 años, un tramoyista por ejemplo que tiene la responsabilidad de que el espectáculo salga a la perfección y cuidar hasta la vida de los actores, condenado a la miseria.  Sobran las razones para emigrar.

 

Pero también es cierto el auge e impulso que ha tenido El Sistema de Orquestas infantiles y juveniles de Venezuela, en los últimos tiempos.  El mundo así lo  reconoce.

El Sistema lo convirtieron  en una gran  propaganda para que el gobierno se lave la cara, pero el día que se destape la olla se sabrá la verdad de la corruptela, el abuso mental y físico de ciertos muchachos que se sabe a sotto voce, pero que no se cuenta abiertamente.  El Sistema, que además es una gran crueldad en cuanto a quienes lo dirigen, no recuerdan que eso fue diseñado por Abreu y un grupo de maravillosos músicos en la época de Carlos Andrés Pérez y que continuaron fomentado los presidentes que le sucedieron, como se hace en democracia con las políticas que arrojan buenos resultados. Pues bien, cuando Pérez falleció no pusieron ni una esquela de pésame, lo que estaban haciendo era ejecutando un concierto en Viena, en pro de los Derechos Humanos, cuando este régimen los viola constantemente.  Por cierto que la orquesta la dirigió en esa oportunidad Gustavo Dudamel, que creo  es de los más mediocre que puede existir en el mundo de la cultura y le digo que, como venezolano que soy, no me siento representado por él en lo absoluto. Y se lo digo, porque lo conozco bien.

 

¿Cuál es su  balance de los medios audiovisuales?

El canal Venevisión por ejemplo, ha despedido recientemente unas 400 personas  porque cerraron el departamento de dramáticos.  Radio Caracas TV  ha producido escasamente una o dos telenovelas y están haciendo el mayor esfuerzo en venderlas afuera, pero no podemos olvidar que luego del cierre del canal, no se produjeron dramáticos y esos mercados fueron llenados por producciones de otros medios latinoamericanos.  Es muy difícil poder reconquistar los mercados perdidos.  En general los medios audiovisuales ya no invierten…ahí van un día tras otro.

 

Si en Venezuela se produce un cambio político… ¿qué pasaría en el sector cultural?

Todo el mundo regresaría al país, y se lo digo porque mantengo contactos con muchos de los que se han marchado y están ansiosos de que cambien las cosas en Venezuela para volver.  El día en que en este país se vuelva a levantar el telón del teatro, como se tiene que levantar y no bajo el estigma de la propaganda al gobierno, regresarán todos y rescataremos el Teresa Carreño para la cultura, para los venezolanos y dejaremos atrás el que lo hayan convertido en un espacio para mítines políticos. Rescataremos el Teatro Municipal, El Nacional y tantos otros usurpados para la politiquería.

 

En cuanto tiempo se activa de nuevo el sector

Al día siguiente que se produzca el cambio, con los que estamos en país haremos un concierto en las calles, montaremos teatros en la plazas, comedias y humor en cualquier sitio, para animarnos todos para la reconstrucción que emprenderemos.  La gente estaría feliz de poder rescatar lo que verdaderamente somos como país.  No tengo duda que la gran mayoría de la diáspora volverá para hacer las cosas mucho mejor.

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