Foto: @PresidencialVen / Twitter

El abogado y político panameño Guillermo Cochez, se pronuncia nuevamente sobre la situación de Venezuela y el régimen de Nicolás Maduro en su más reciente artículo publicado en La Estrella de Panamá este martes.

¿Por qué hay que tenerle miedo a Maduro?

El inminente final del régimen chavista nos obliga a reflexionar sobre lo que podría estar pensando el entorno de Nicolás Maduro para evitar ese desenlace. Su popularidad roza el 10 %; cada vez hay más sectores antiguamente chavistas que lo adversan; afectados igualmente por la crisis humanitaria que vive toda la sociedad sin alimentos ni medicamentos y una violencia en escalada. La lealtad militar cada vez se ve más resquebrajada porque los soldados también son parte de la sufrida sociedad venezolana. Los precios del petróleo no suben y cada vez están más aislados del resto del continente. La respetada dirigencia de la Iglesia Católica, renovada con el nuevo cardenal Baltasar Porras, ya no tiembla al afirmar que se vive en dictadura.

En 1982, tras varios Gobiernos militares, el general Leopoldo Galtieri, arrinconado por la crisis política y económica que vivía Argentina, buscó unir a la población y procedió con la loca aventura de lanzarse a recuperar las Islas Malvinas, en manos británicas desde 1833, a pesar de conocer las falencias de su ejército frente al de la Gran Bretaña. La acción militar terminó con una apabullante derrota donde hubo 1703 bajas, entre estos 649 muertos, lo que motivó la renuncia de Galtieri.

Cuando los regímenes que se sustentan en la fuerza caen en crisis, caso del argentino en los 70 y 80, o como hoy Venezuela, procuran buscar mecanismos que consideren pueden motivar la desarticulación de la oposición, usando como excusa el llamado a defender la Patria. Esta táctica no es nueva y, con asesores políticos como los cubanos a su lado, Nicolás Maduro podría estar considerando ensayar una de esas salidas a la crisis, promoviendo un enfrentamiento militar con su vecino Colombia.

Estando como embajador en la OEA en julio de 2010, el Gobierno de Álvaro Uribe denunció con contundentes pruebas a Venezuela de permitir la presencia en su territorio de guerrilleros de las FARC y del ELN. La reacción de Chávez no fue el negar la denuncia de Uribe, sino de insultarlo, como hacía con sus adversarios, rompiendo relaciones con Colombia. Al llegar Juan Manuel Santos al poder los agravios hacia Uribe fueron olvidados, llegando hasta decir que Chávez era ‘su nuevo mejor amigo’. De seguro que los guerrilleros siguieron donde estaban. A Santos le interesaba su ‘paz con las guerrillas’.

En marzo de 2017, en un acto de completa provocación, el ejército venezolano incursionó en territorio colombiano en el estado de Arauca, donde la frontera entre ambos países se delimita perfectamente por el río del mismo nombre. No había razón para equivocarse. Afortunadamente el asunto no llegó a más porque el Gobierno colombiano no hizo caso a las provocaciones. Las tensiones entre ambos países continúan. Así, en los primeros días de este mes, tanto el presidente Santos como su canciller Holguín han insistido en que no contestarán a las reiteradas provocaciones de Maduro hacia su país. Un cambio radical a la especie de tolerancia y complicidad que Colombia bajo Santos había demostrados con Venezuela, entregándole hasta opositores que se encontraban en ese país.

En Panamá ocurrió algo similar en el último mes de la dictadura de Noriega. Después de provocar a diario a las fuerzas norteamericanas, aún acantonadas en nuestro país, hasta tuvo la osadía de declararle la guerra al Coloso del Norte. Noriega se sentía arrinconado, al igual que Maduro hoy. Buscaba crear un escenario que le salvará el pellejo. Por su antigua relación de agente de la CIA, nunca consideró la posibilidad de la invasión que se dio.

Nadie sabe qué están pensando hacer y eso es lo peligroso. Son unos fracasados en materia económica, como lo han sido los cubanos, pero han sido maquiavélicos en el manejo político. La experticia de los cubanos es de temer y son los que detrás de bambalinas deben ser los directores de la orquesta. Una invasión a Colombia no es un disparate, aunque, como predicen los expertos militares, el invadido la sofocaría rápidamente por su marcada superioridad militar. Eso no es lo más importante. En el camino, la crisis internacional que se generaría afectaría hasta el Canal de Panamá por la cercanía de los países en conflicto, aumentaría el precio del petróleo, algo que le urge a Maduro, y la crisis humanitaria y política, sería sepultada con una de otras dimensiones.

Por eso es que debemos estar claros: los intereses geopolíticos de un país en crisis como Venezuela, no son los mismos de sus vecinos. Por eso es que debe cesar nuestra política de paños tibios con Maduro y tratarlo como lo que es: un dictador. Su perversa presencia en el continente nos afecta a todos.

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