En 2007, tras varios intentos de secuestro y una alarmante inseguridad en cada esquina de su ciudad, Caracas, Eleazar Díaz Melean, uno de los más de cuatro millones de venezolanos que emigraron en los últimos años, decidió renunciar a todo y comenzar a emprender en otras latitudes.

“Lo primero que hice fue ver varias opciones de países. Mi criterio de búsqueda se basó en un país latinoamericano que estuviese en crecimiento y en el que pudiera comenzar un emprendimiento. Ya no quería ser más empleado, quería tener mi propio negocio”, recordó el ex ejecutivo de la empresa Cargill.

Al final se decantó por Panamá porque años antes, en el 2005, había tenido la oportunidad de viajar al Istmo y concretar la compra de un inmueble. Eso marcó la diferencia al lado de países como República Dominicana, Perú, Costa Rica y Chile.

“Todos los países entraban en el perfil que quería, pero Chile y Perú, a nivel de emprendimiento, presentaban un nivel de competitividad muy alto, entonces como estaba en etapa de aprendizaje busqué algo más sencillo y con mejores oportunidades como Panamá”.

Duro comienzo

Una vez ya acomodado en el Istmo y al ver la gran cantidad de compatriotas que estaban llegando al país, decidió arrancar con una línea de tequeños y pastelitos, boquitas predilectas de las mesas venezolanas y que para la fecha eran prácticamente desconocidas en estas latitudes.

 

 

“Sí sé que habían varias presentaciones de tequeños o al menos productos parecidos, pero nada comercial o que estuviera en grandes cantidades. Nos atrevimos y podemos decir que fuimos pioneros con el producto que ahora consumen y conocen muy bien los panameños bajo la marca Turri”.

La llegada a las grandes cadenas de distribución no fue tarea fácil. “Cuando decidimos darle marcha al negocio comenzaron las sorpresas. Se hizo complicado el tema de registro sanitario entre otros trámites, uno más complicado que el otro”, rememoró entre risas.

No bajó la cabeza. Decidió trabajar más fuerte pese a la pírrica suma de ventas que dejó el primer mes. “30 dólares fue lo que vendimos. Ahora queda como anécdota, pero al momento me quitó varios días de sueño”.

Las cosas han cambiado

Pese a un año 2017 de altos y bajos, la empresa MML, que se expandió al área de pastelería y panadería, está dejando buenos dividendos. Díaz Melean llegó con una idea de emprendimiento a Panamá y con esfuerzo ha ido logrando su cometido.

“Fue difícil porque venía de ser empleado a dueño de mi propia empresa y en un país diferente al mío. En el primer caso siempre tienes ingresos porque te pagan, en el segundo, al comienzo es solo egresos y no lo voy negar, hubo tiempos duros que ni para la gasolina del carro tenía, pero nunca dije no puedo, nunca quise renunciar”, explicó.

Se siente bien en Panamá. Está adaptado al 100 % y aunque extraña Venezuela, como es normal, no pretende regresar a su tierra natal, al menos por ahora.

“Panamá tiene muchas cosas buenas. Gente muy amigable, gente honesta y trabajadora. Ahora mi grupo de amigos, en su mayoría, son panameños y eso es una recomendación que quiero dejar a los que van llegando a un país, al que sea. Hay que integrarse, hay que conocer las costumbres y respetarlas. De esa manera todo irá mejor”, cerró.

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