Las tareas hay que concluirlas.  La Asamblea Nacional esta en mora con los venezolanos y debe avocarse sin más demora, al nombramiento del sustituto de Nicolás Maduro, quien ha sido separado del cargo, inhabilitado y condenado a 18 años de cárcel por aceptar sobornos de millones de dólares de la constructora brasileña Odebrecht.

 

No olvidemos que llevar adelante el juicio significó un gran esfuerzo: articular un Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, obtener las pruebas en Brasil, realizar el antejuicio de mérito, lograr que la Asamblea Nacional aprobara dicho antejuicio, llevar a cabo el juicio propiamente, y asegurar que la AN refrendara la sentencia.  Gracias a esta cadena de acontecimientos jurídicos y políticos, Maduro fue formalmente separado del cargo y dejó de ser presidente de la República.

 

Esta histórica decisión no puede quedar en suspenso. Hay que nombrar el sustituto. Poner de lado los temores y acordar la sucesión.

 

Han pasado más de treinta días desde la destitución del tirano y se produjo formalmente una omisión parlamentaria la cual debe ser subsanada cuanto antes.  Si el parlamento no se atreve, pues tendrá que hacerlo el TSJ Legítimo, pero hay que llenar el vacío.

 

Al hacerlo, la comunidad internacional contará con un interlocutor válido para discutir las diversas opciones que están sobre la mesa para obligar a Maduro a desalojar Miraflores: incremento de sanciones, intervención humanitaria, activación del Protocolo de Palermo, actuación constitucional de militares venezolanos, entre otras.

 

Hay que articular acciones para enfrentar al régimen con una autoridad reconocida y apoyada adentro y afuera, que plantee una única estrategia a seguir, entonces se generará una dinámica distinta y las consecuencias serán inmediatas y efectivas.

 

Maduro está destituido, no tiene legitimidad, es momento de nombrar un poder ejecutivo interino.  No le den más largas al asunto.

 

 

 

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