foto: cortesía.

Hace algunas semanas “hablé” con un señor llamado Tennis, que no es otra cosa que el incansable zapato que anda de aquí para allá, tratando de salvar la libertad que queremos en Venezuela. Para aquellos que no recuerden o no hayan leído esa “conversación” aquí les destaco algunos párrafos de la misma:

– Sr. Zapato: Lo que han cometido conmigo y con mi familia, es un desastre. Aquí cada vez que alguien se arrecha, lo ponen a uno a pasar trabajo. Tengo ya un pocotón de años yendo de un lado a otro y que a protestar. He llevado pisotones, raspones y pare usted de contar. Hoy, por ejemplo, vengo desde Petare llevando leña, para luego pararme aquí para que mi dueño vocifere y grite consignas, y después tener que devolverme desde Las mercedes hasta Petare de nuevo.

Esto que acaban de leer -ya saben- viene pasando cada vez con más frecuencia en nuestro país, pero ahora salió a la palestra el muy avezado y estudioso señor Dedo.

El señor Dedo no es más que el que maneja el teclado de todas las computadoras y teléfonos inteligentes. En realidad, este señor Dedo forma parte una familia de 10 hermanos cuya madre es la señora Mano. ¿Qué ocurre con este señor Dedo? Pues que critica y habla; habla y critica, desde su aparato electrónico, todo lo que hace el señor Zapato.

¿Que el señor Zapato marchó desde el este hasta el oeste el sábado, pero el domingo no salió? Inmediatamente el señor Dedo comienza a ejercitarse desde su computadora para emitir opinión de lo mal que lo está haciendo el señor Zapato y lo que él haría, de estar en su lugar.

Por supuesto, el señor Dedo no camina sino a través de un teclado; nunca sobre el asfalto caliente. Con la ventaja,de que por la pantalla de su computadora o teléfono no se emiten gases lacrimógenos y mucho menos balas.

Pero el señor Dedo siempre sabe más que el señor Zapato. Sus comentarios son de general en jefe, pero después de la batalla:

– Así no vamos para ninguna parte -dice el Dedo- Cuando dan las 6:00 pm, ya el Zapato está guardado en su casa.

El Zapato en cuestión, después de varias horas caminando, cuando llega a su casa (si es que llega) se pone a leer (este zapato no solo habla, también lee) todas las opiniones que el señor Dedo emite por las diferentes redes sociales: “¿Por qué no se quedaron en la calle?”, “¿Qué ganan con llevar un papel a la fiscalía?”, “Ay… ¿Hoy no salen? Ah, claro… Están descansando”, “Ay sí. Gran vaina… Todos de blanco. Eso no tumba gobierno”, “Lo que deberían hacer es”, “A mí no me parece que”, “Si yo estuviera ahí”.

La única diferencia, es que el fulano Dedo y sus acompañantes están bajo techo y muchas veces con un whiskycito por delante.

El hecho es que hoy quiero honrar a todos los señores Zapato y a sus respectivos dueños. Lo que hoy vive nuestra gente es digno de admiración. Veo a tantos jóvenes recibiendo gases y perdigones, y otros que aún peor, se han ido de este mundo a tan temprana edad, que solo me viene a la mente aquella poesía de Andrés Eloy Blanco… “Los Hijos Infinitos”

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Hoy no puedo hacer otra cosa, que honrar a esos niños; que llorar por esas madres… Hoy no es tiempo de risa. Hoy es tiempo de pedir a Dios que salgamos de este desastre. Que aquellos jóvenes que se fueron, vean desde donde están, que su muerte no fue en vano. Me perdonan. Pero hoy no es tiempo de risa.

Y es que cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

¡Que Dios bendiga a nuestros hijos en Venezuela!

Cariños y hasta la próxima…

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