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Cuidar, proteger, educar, guiar, apoyar, aconsejar… Estas son unas de las tantas acciones que pueden realizar los padres dentro de sus roles de padre o madre. El más importante de todos y que complementa todas las demás responsabilidades es dar el ejemplo siendo congruente entre lo que se dice y se hace.

Todo esto se resume en que su rol es ser dadores. Primero, de vida y luego de un ambiente óptimo para que sus hijos puedan explorar y desarrollarse en el mundo. Aunque el dinero es importante y ser proveedores es parte de ese rol, ningún objeto o dinero podrá reemplazar la atención, importancia, afecto y disciplina que un padre pueda entregar. Con esto quiero decir que, con mucho o poco dinero, es necesario que cada padre esté presente para asegurar un mejor desarrollo de sus hijos.

Muchos especialistas clasifican a los padres por manejar actitudes permisivas, democráticas, sobreprotectoras o autoritarias; explicando que lo ideal debe ser el manejarse solo democráticamente. Sin embargo el éxito de ser un buen padre está en saber cómo combinar estas cuatro –siempre siendo congruente con lo que dice y hace-.

Esta nueva clasificación la llamo padres ecológicos, tomando el concepto “ecológico” de la PNL: acciones que me benefician a mí, a las personas más cercanas a mí y al entorno en el que interactúo). Los padres ecológicos saben cuando usar cualquiera de estas cuatro actitudes; están claros de su intención positiva y ecológicamente actúan dependiendo de la situación, siempre con el propósito claro de dar el mejor ejemplo para que esto le sirva de un modelo sólido a nuestro hijo o hija.

Esta es una de tantas formas que busca llevar a los padres a encontrar ese equilibrio necesario dentro del proceso de crianza de nuestros hijos. Lo cual nos lleva a dos elementos necesarios para este proceso de crianza, el amor y la disciplina. La clave está en que ambos elementos, son como dos líneas paralelas que deben mantenerse presentes y separadas para evitar caer confusiones. En este mismo tema, ambos padres necesitan mantener un mismo enfoque y respetarlo. De la misma forma, se recomienda que cuando un padre ejecuta la disciplina el otro sin interferir sólo se mantenga presente y si necesita realizar algún feedback, lo realice después y fuera de la presencia de los hijos.

En estas líneas, quiero recordarles que como padres, también se tiene una conexión energética con los hijos, que pueden debilitar o amplificar en pro de impulsarlos a ser independientes y seguros de sí. Si bien cada padre es un dador, cada padre decide qué va a dar y cómo lo va a dar; y eso determina una conexión, impulsa o limita a sus hijos.

En pocas palabras, la acción de dar necesita ser asertiva, evitando comprometer de forma limitante a sus hijos, ya que aun con las mejores intenciones, los padres pueden crear un “techo” en el que a los hijos se les dificulte subir y lograr a ser independientes. Por ello, lo que den (dinero, amor, atención, educación académica) necesita ser incondicional y tan solo ser un aporte a sus vidas. Las expectativas atan y limitan el curso natural de la vida.

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