Foto: El Universal.
La calle debe ser televisada, pero la mayoría de los canales y medios convencionales sabemos de que lado están, o al menos, a quien le temen. El pueblo, por su parte, perdió el miedo o con él a cuesta, ha decidido revelarse ante la tiranía que le oprime, amenaza, encarcela y hambrea. El más reciente y revelador ejemplo de su disposición a salir de la tragedia en que se nos convirtió Venezuela, es San Félix, ciudad del estado Bolívar, donde los lugareños, en pleno desfile militar, rodeados de tanquetas, fusiles y casa militar, se colgaron al hombro las represalias de las que pudiesen ser objeto, y gritaron su inconformidad al dictador, le mostraron su desprecio.

Para las ciencias sociales, el desprecio se traduce en es una inmensa falta de respeto y animadversión hacia alguien de quien se duda tenga capacidad e integridad moral. La persona despreciada es considerada indigna. Por eso una y otra vez, en cada marcha, concentración y protesta el bramido del pueblo: Maduro vete ya.

Lo grita Barinas, Carabobo, Apure, Aragua, Miranda, Vargas, Mérida, Táchira, Falcón, Lara, Zulia, Anzoategui, Nueva Esparta, grito extendido también al norte, sur, este y oeste de Caracas. Sin duda que es un clamor nacional: Maduro vete ya.

La dirigencia toda ha salido a la calle, por ello, no puedo dar crédito a rumores sobre supuestas negociaciones de elecciones regionales por enfriamiento de la calle de algunas particularidades, eso sería una traición al pueblo que sabe que el problema es el tirano, que poco o nada vale en estos momentos unas gobernaciones más, si la tiranía continúa sentada en Miraflores. La ciudadanía quiere una sola cosa: Maduro vete ya.

No hay nada que pueda calmar, enfriar, apaciguar o mitigar a un pueblo que quiere darle un vuelco a esta historia. Un país que quiere escribir una diferente, donde se cambien las condiciones de pobreza, miseria y escasez de todo, por abundancia y progreso para todos. Una Venezuela que quiere cambiar el llanto por alegría, la muerte por la vida, la violencia por la tranquilidad, la inseguridad por seguridad, la enfermedad por la salud.

¡Venezuela está en llamas! Y eso es inocultable. Pueden no televisar la calle, podrán  los periódicos garabatear mentiras, la radio no cantar las verdades, pero la realidad está en la calle y en ella es cada vez más fuerte el grito: Maduro vete ya.

Cuando los pueblos se deciden a cambiar…nada ni nadie los puede detener.

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