El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis (i), y el comandante del Comando Central de los Estados Unidos, el general Joseph Votel (d), hablan el martes 11 de abril de 2017, durante una rueda de prensa donde respondieron preguntas sobre el conflicto en Siria y la relación con Rusia, en el Pentágono, en Arlington, Virginia (Estados Unidos). EFE

EE.UU. usó este jueves por primera vez en un conflicto la mayor bomba no-nuclear, la llamada “Madre de todas las bombas”, para destruir un complejo de túneles del Estado Islámico (EI) en Afganistán, con lo que mandó también un mensaje de fuerza al grupo yihadista.

El bombardeo con la GBU-43, un gigantesco proyectil de 10 toneladas que mata con una imponente onda de presión aérea, fue ejecutado este jueves a las 19.32 hora local (15.02 GMT) en el distrito de Achin, provincia oriental de Nangarhar.

El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que dio “total autorización” a las Fuerzas Armadas para que utilizaran la “Madre de todas las bombas” contra el EI.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, indicó este jueves que el objetivo era acabar con un “sistema de túneles y cuevas” del EI en Afganistán que “les permitía moverse con libertad y atacar con más facilidad a los asesores (militares) estadounidenses y las fuerzas afganas”.

El proyectil, el mayor disponible en el arsenal estadounidense (mide más de nueve metros de largo y tiene un diámetro de algo más de un metro), fue transportado por un avión Hércules MC-130, liberando un poder de destrucción equivalente a 11 toneladas de TNT.

No obstante, esa potencia es mucho menor que las 15.000 toneladas de TNT de energía liberada por “Little Boy”, la bomba nuclear lanzada en Hiroshima (Japón) en 1945, una fracción mínima del poder de una ojiva nuclear actual.

La bomba, en servicio desde 2003, solo había sido utilizada en pruebas y ha sido diseñada no solo para destruir búnkers y túneles, sino como arma psicológica.

El bombardeo de este jueves fue anunciado en poco menos de dos horas después de llevarse a cabo, una premura poco habitual para el Pentágono, que puede tardar varios días en confirmar un ataque, especialmente hasta evaluar el impacto.

Nangarhar, en el este afgano, es la remota región en la que los yihadistas del EI se han asentado para ampliar su presencia en la que llaman provincia de Jorasán (parte de su autodeclarado califato).

Esa zona es el paso que conecta por tierra Kabul con Peshawar (Pakistán) y alberga la famosa zona montañosa de Tora Bora, donde el fallecido líder de Al Qaeda Osama bin Laden se ocultó, aprovechando un sistema de cuevas, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos.

Según indicó este jueves el general John W. Nicholson, comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, los yihadistas del EI han estado trabajando en defensas subterráneas y búnkers para consolidarse en zonas remotas del este afgano y poder atacar a tropas estadounidenses y afganas.

“El bombardeo estaba diseñado para minimizar el riesgo para las fuerzas afganas estadounidenses que realizan operaciones de sobre el terreno en esa zona, al tiempo que se maximiza la destrucción de combatientes e instalaciones del EI-Jorasán”, explicó el Pentágono en un comunicado.

“Esta es la munición adecuada para reducir los obstáculos y mantener el ritmo de la ofensiva contra el EI-Jorasán”, explicó Nicholson, en un comunicado emitido desde Kabul.

Estados Unidos ha realizado operaciones antiterroristas en esa zona; en una de las últimas, el 8 de abril, falleció un miembro de las fuerzas especiales en combate cara a cara con los yihadistas.
El uso de la “Madre de todas las bombas”, que está guiada por un sistema de posicionamiento satélite, pero no tiene propulsión, indicaría que la zona estaba ampliamente ocupada por operativos e instalaciones del EI, sin evidente presencia de civiles.

El Pentágono aseguró este jueves que “se tomaron las precauciones para evitar víctimas civiles”, pese a que el proyectil no es considerado de precisión.

El Pentágono analizará ahora la zona del impacto con drones e imágenes satélite para determinar el éxito y alcance de la misión, que supone una escalada táctica en lo que hasta ahora habían sido bombardeos puntuales contra líderes yihadistas y operaciones antiterroristas sobre el terreno.

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