Te invito a hacer un simple ejercicio: cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. Si deseas, puedes contar las inhalaciones. No te distraigas y fija tu atención en el aire que entra y sale. Intenta llegar hasta treinta. ¿Listo? Te espero en el próximo párrafo.

¿Qué tal te fue? Probablemente seas un fenómeno y el ejercicio resultó un paseo. De ser así, pasa la página y nos vemos en la próxima edición. Pero si al llegar a diez (o antes) se te olvidó por cuál número ibas y pensabas en las cuentas por pagar, las cosas por hacer o cualquier otra delicia de la vida cotidiana, quédate conmigo hasta el final.

La mente es como un mono enjaulado: le cuesta estarse quieta y agarra cualquier pensamiento que surja. Es su naturaleza. Por ello concentrarse es tan importante, de otra manera pasaríamos el día saltando de un estímulo a otro. ¿Te suena conocido? Piensa en una tarde en tu escritorio. Apuesto a que en una hora das mas vueltas (reales y virtuales) de las que quisieras. Esos saltos del Facebook, al reloj, al email, a las noticias, al teléfono, al baño, al café, a las fantasías diurnas y paremos de contar, son el producto del torrente de estímulos internos y externos a los que estás sometido.

La capacidad de enfocar tu mente en una actividad mientras ignoras otras alternativas se denomina control cognitivo. Esto significa la capacidad de manejar los impulsos, postergar satisfacciones, auto regulación emocional y la habilidad para suprimir pensamientos irrelevantes. Quienes desarrollan control cognitivo suelen tener mejores resultados profesionales y personales, mientras que las personas sin este control tienen más problemas a la hora de completar una tarea. En casos extremos desarrollan trastornos de déficit de atención.

En un artículo para The New York Times, el psicólogo Daniel Goleman explica que meditar es una excelente herramienta para desarrollar control cognitivo pues se ejercita una capacidad sencilla y poderosa: observar los pensamientos sin engancharse en ellos. ¿Cómo se hace esto? “Enseñado a las personas a monitorear sus pensamientos y sentimientos sin juicios ni reacciones. En lugar de ser arrastrados de un foco escogido, ellas se dan cuenta de que su pensamiento está deambulando y renuevan su concentración”.

Si tomamos como ejemplo el ejercicio inicial, una mente concentrada es capaz de suprimir el torrente de estímulos internos y externos para enfocarse en las inhalaciones. Y en el momento cuando se desconcentra tiene la habilidad de observar lo que sucede para volver la atención a la respiración. Esto es, de manera sucinta, la práctica de meditación conocida como mindfulness, o atención plena.

Un nombre más exótico es Dharana, la sexta etapa del yoga Ashtanga según Patanjali. Quien desarrolla Dharana es capaz de fijar su atención (no solamente mientras hace una pose, o asana) y mantenerla con plena conciencia del presente. Así el yoga no es solo un ejercicio de flexibilidad para llevar el pie a la nuca, sino una práctica de meditación en movimiento.

Cada día surgen mas estudios que confirman las ventajas de la meditación. Pruébala, y no te hablo de batola india, incienso y levitación. Es algo más potable y práctico. Todo comienza por fijar la atención y concentrarse en lo que sucede aquí y ahora.

¿Estás aún allí, o tu mente divaga por otro lugar?

CITA

“Esos saltos del Facebook al reloj, al email, a las noticias, al teléfono, al baño, al café… son el producto del torrente de estímulos internos y externos a los que estás sometido”

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