La delgada línea entre la narrativa documental y de ficción: mesa de diálogo a cargo de tres reconocidas directoras. Foto: Cortesía IFF Panamá.

En la cuarta jornada del programa educativo y de industria del Festival Internacional de Cine de Panamá se llevó a cabo la mesa redonda La delgada línea entre la narrativa documental y la ficción, moderada por Diana Sánchez, directora artística de IFF Panamá. Sánchez inició su intervención explicando la importancia que ha alcanzado el género documental en la región centroamericana.

Lucía Carreras, directora de la película Tamara y la Catarina, la cual forma parte de la muestra de la sexta edición del festival afirmó que su película a pesar de ser argumental, es confundida con ficción, hecho que atribuye a que su manera de trabajar es tratar de que la cámara esté lo más ausente posible en la película.

“La investigación es vital para poder lograr un documental que tenga una buena línea narrativa que cautive al público” insistió por su parte Maite Alberdi, la directora chilena de Los niños. Según Alberdi, en este género, la observación y la investigación son piezas claves para tener un guión que cuente una historia.

“El documentalista es como el escultor que tiene una roca y poco a poco va sacando la escultura, tiene una idea previa de qué quiere, pero solo conocerá el resultado cuando termine de tallar la piedra”, explicó Alberdi. Al ser consultada acerca de por qué hace cine documental, comentó que además de apasionarle esta clase de largos, sus temas no se agotan y existen muchos punto de vista de una misma temática.

Ana Endara, directora de La felicidad del sonido, película panameña que también forma parte de la selección de IFF Panamá, afirmó que cuando se lleva a cabo un documental, se debe estar atento a lo que no se espera y que las situaciones que se presentan cuando se está rodando, son las que más cooperarán para contar la historia.

Enrique Chediak  y la dirección de fotografía 

Foto: Cortesía IFF Panamá

El director de fotografía Enrique Chediak, reconocido por su trabajo en películas como 127 Horas y Maze Runner, compartió que a los 15 años era montañista y tenía afición por la fotografía y el cine le parecía una gran pérdida de tiempo; luego de ver la película Aguirre, su percepción cambió y comenzó a meterse en el mundo de la cinemateca.

Chediak explicó que cada película que hace la comienza desde cero, se desprende de todo lo que haya usado en producciones anteriores; de esta manera, según él evita  la idea de encasillarse en un estilo en particular. Para él, tanto el foquista como el director de arte son las personas esenciales en una producción de cine, “ellos guían la luz y saben cómo proyectarla y transformar una película en algo mágico”, comentó Chediak.

Con información de nota de prensa.

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