Recientemente Latinobarómetro ha publicado el informe de este año. A lo largo de 66 páginas va presentando la percepción que los latinos tenemos sobre la democracia, las instituciones y la visión del futuro.

Muchos medios han reproducido fragmentos del informe, algunos se centran en especial en la falta de confianza de los partidos políticos; lo cual es preocupante, pero, desde la primera página nos da una campana de alerta, llevándonos al convencimiento de que el problema es mucho más grave de lo imaginado, tiene raíces más profundas que el simple tema de la falta de confianza en los partidos políticos.

Es demoledor el llamado de atención que nos señala y, todo el liderazgo de la región debería leer y reflexionar con seriedad sobre lo que este informe nos está alertando.

Según el informe:

“…, desde 1995. El crecimiento económico y la democracia no van para el mismo lado.

El declive de la democracia se acentúa en 2017, con bajas sistemáticas del apoyo…, así como de la percepción de que se gobierna para unos pocos…

Los gobiernos sufren la misma suerte, cada año los latinoamericanos los aprueban menos…,

Es una democracia diabética…, con un lento y paulatino declive de múltiples indicadores…, revelan el deterioro sistemático y creciente de las democracias de la región...”

Lo interesante del informe es que hay un histórico de las cifras que muestran la evolución de la percepción de los ciudadanos a través del tiempo.

Por lo limitado del espacio en este artículo, solo mencionaré algunas que, si bien no han tenido difusión, para quien escribe, fue un llamado de atención, pues, vengo reflexionando sobre las democracias enfermas desde hace largo tiempo, y el informe logra magistralmente ejemplificar mí preocupación. Estamos frente un problema parecido a la diabetes. Es una enfermedad que, al principio no es visible a simple vista, todo parece igual, pero existe, está allí, avanza silenciosamente y tiene consecuencias serias. Así están nuestras democracias.

Para muestra, algunas pocas cifras. El apoyo a las democracias en los últimos siete años ha caído en 8%. A primera vista no impacta, pero, eso significa dos cosas. Una, es una caída de 1% anual y, dos, es una tendencia que, de mantenerse, puede afectar gravemente la gobernabilidad y la estabilidad de los países de la región en el futuro cercano.

Otra cifra que llama la atención es que, uno de cada cuatro latinoamericanos le es indiferente -el tipo de régimen político bajo el que estén gobernados-. Nuevamente, la tendencia es preocupante. En los últimos siete años este desencanto de los ciudadanos con la política, ha llevado a que esta cifra crezca del 16 al 25%. O sea que, cada día crece la indiferencia, lo que pone en riesgo las democracias y, deja muy claro el por qué de la baja confianza en los partidos políticos.

Por otra parte, los niveles de insatisfacción con la democracia también se ven afectados, con una tendencia creciente y preocupante los últimos años. Hoy 65% de las personas se sienten insatisfechas con las democracias y apenas el 30% dicen que esta satisfechas con ella. Es un punto importante para análisis de los lideres constructores de desarrollo social en el mundo.

En próximas entregas compartiré mi visión sobre el informe y la situación específica en algunos países. Por ahora enuncio un par cifras con relación a Panamá. En los últimos siete años el apoyo a la democracia ha caído 15%. Esto es el 2.14% anual, en mi opinión, sumamente grave, al igual que lo es el hecho de que apenas 26% de los panameños están satisfechos con la democracia.

Reitero, además de lo alarmante las cifras, lo es aún más la tendencia que mantienen. El liderazgo de los países –político, social, empresarial y ciudadano- debe reflexionar y, tomar muy enserio esta diabetes que nos está atacando.

Ahora, así como esas cifras son una campanada de alerta, también son una gran oportunidad para mirar hacia el futuro, y delinear los correctivos que debemos implementar, antes que la diabetes nos deje ciegos.

Los futuros gobernantes tendrán muchos retos y tareas que hacer, si quieren proyectar un país en democracia real, donde los ciudadanos además de sentirse que viven en democracia, la defiendan y, ayuden a perfeccionarla.

El informe devela que el crecimiento económico –en términos generales- ha sido real y muchos ciudadanos han salido de la pobreza pero, también nos dice que ese crecimiento no se ve reflejado en la felicidad de los ciudadanos.

Los retos son inmensos pero, estamos a tiempo.

 

 

 

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